Fomento Territorial – Blog

El uso de vegetales en la Arquitectura moderna

Hoy hablamos de los beneficios que aporta el uso de la vegetación en la composición de los edificios.

La temperatura ambiente en el interior de un edificio es el resultado de los flujos energéticos que acontecen resultado del clima y de las cargas internas del edificio. Éste realiza un intercambio de flujos de calor a través de los cerramientos. Es la envolvente del edificio la responsable de mantener los parámetros temperatura y humedad dentro de los niveles admisibles del cuerpo humano, lo que se puede denominar como confort térmico. Existe confort térmico cuando las personas no experimentan sensación de frío ni de calor,  es decir, cuando las condiciones de temperatura, humedad y movimientos de aire son favorables a la actividad que desarrollan. Las condiciones termohigrómetricas reglamentarias, según el artículo 7 y el Anexo III del Real Decreto 486/1997 sobre disposiciones mínimas de seguridad y salud en los lugares de trabajo, son:

1.- Temperatura: entre 17ºC y 27ºC, si se realizan trabajos sedentarios, o entre 14ºC y 25ºC, si son trabajos ligeros.

2.- Humedad relativa: entre 30% y 70%, excepto si hay riesgo por electricidad estática, en cuyo caso el límite inferior será 50%.

3.- Velocidad del aire: inferior a 0,25 m/s en ambientes no calurosos; inferior a 0,5 m/s en trabajos sedentarios en ambientes calurosos e inferior a 0,75 m/s en trabajos no sedentarios en ambientes calurosos.

Utilizando como referencia estos valores se puede conseguir un objetivo importante desde el punto de vista del bienestar, que la temperatura fluctúe lo menos posible y siempre dentro de estos márgenes de confort térmico, con el menos consumo energético posible. Para poder cuantificar las soluciones que se proponen a este planteamiento, se utiliza un coeficiente que relacione la amplitud de la temperatura interior (temperatura máxima menos temperatura mínima) con la amplitud de la temperatura exterior. Resultados próximos a 1 equivalen a un edificio nada aislado, sin inercia térmica, de modo que cualquier cambio energético en el exterior se nota directamente en el ambiente interior, y si obtenemos resultados por debajo de 0,5 significa que el edificio tiene estabilidad térmica, se opone a cambios en la temperatura.

La cubierta es la parte del edificio que está más expuesta a las variaciones térmicas, es la parte que alcanza mayor temperatura por la exposición directa a la radiación del sol durante el día, y durante la noche, es la parte del edificio donde se pierde más calor. Nos encontramos pues en la búsqueda de una cubierta que tiene que tener ciertas características como estabilidad y resistencia mecánica, seguridad en caso de incendio, salubridad, seguridad de uso, protección acústica, ahorro de energía y protección térmica. Como respuesta a estos requisitos, surgió la cubierta ajardinada, cumpliéndolos y añadiendo algunas ventajas de tipo ambiental con igual o mayor eficiencia que las cubiertas convencionales.

 Cubiertas Vegetales

La cubierta ajardinada es un tipo de cubierta invertido con la adición de un sustrato orgánico y plantas por la capa superior. En esta cubierta, la capa de protección funciona como una cubeta con tierra y agua rodeada con un contenedor perimetral que funciona como remate y para prolongar la estructura. El espesor de la capa de tierra varía según la vegetación que se plante, suele ser de 10 cm, y a partir de 30 cm ya no es necesario colocar el aislante térmico, puesto la capa de tierra ya cumple esa función. Las pendientes suelen oscilar entre el 0% y el 3%.

Existen dos tipos de cubiertas vegetales:

1.- Cubierta ajardinada extensiva: aquella cuya capa vegetal tiene del orden de 10 o menos cm de espesor. Normalmente tiene plantas de bajo porte autóctonas, con abastecimiento de agua y sustancias nutritivas por procesos naturales. Esto hace que requieran muy pocos cuidados.

2.- Cubierta ajardinada intensiva: también llamadas “cubiertas jardín”, son aquellas cuya capa vegetal tiene 20 cm o más de espesor. Suele estar formada por árboles y arbustos de mayor altura y requieren cuidados propios de un jardín.

Desde un punto de vista medioambiental y de ahorro energético y económico, son mucho más interesantes las primeras por los pocos cuidados que requieren, no son necesarios sistemas de riegos en ellas y además resisten mejor las pendientes (llegando a poder instalarse en pendientes de hasta el 20%).

El esquema general de una cubierta general es el siguiente:

sin_titulo_42

1.- Capa vegetal: a poder ser con especies autóctonas y de mantenimiento nulo o casi nulo. Se suelen utilizar plantas como musgo y plantas de tipo Sedum, aromáticas y césped. La elección de las plantas vendrá determinada por las condiciones técnicas de construcción de la cubierta.

2.- Sustrato orgánico o inorgánico, es la capa donde proliferan las raíces. Debe ser una estructura estable, que almacene el agua que se infiltre y esté disponible para las plantas, depositando el excedente en la lámina filtrante.

3.- Retenedor de agua, que puede ser de gel, paneles sintéticos o paneles de lana de roca. Normalmente se utiliza para las cubiertas intensivas, debido a la mayor demanda de agua y evaporación mayor de las plantas que se suelen implementar.

4.- Filtro sintético para la retención de las partículas finas del sustrato.

5.- Capa drenante: Su función es reducir la presiónhidrostática del agua en la impermeabilización. La lámina drenante debe tener una alta capilaridad y porosidad.

6.- Lámina de impermeabilización antirraíz.

7.- Soporte estructural.

La elección de las especies vegetales utilizadas en la capa vegetal que mejor se pueden adaptar a la azotea elegida va en función de los factores que afectan a ésta: clima, sustrato, estructura de la cubierta y criterio personal estético. La planta ideal será aquella que reúna las siguientes características:

1.- Capacidad para soportar temperaturas extremas.

2.- Capacidad para soportar largos períodos sin aporte de agua.

3.- Desarrollo en superficie con capacidad suficiente de crecimiento horizontal, de modo que se cubra toda la cubierta.

4.- Capacidad para crecer en suelos poco profundos.

Para la elección del sustrato, lo ideal es aquél que requiera un mantenimiento mínimo, de modo que interesan los sustratos con elevada capacidad de retención de agua para que la cubierta vegetal disponga de agua en periodos de sequía prolongados. Se distinguen dos tipos de sustrato, que se deben complementar:

1.- Orgánico: Puede ser elaborado a partir de materias vegetales, por ejemplo de la vid, que está incluida en la categoría de compost. El compost es materia vegetal fermentada en presencia de aire que provoca la degradación biológica de ésta en materia orgánica, de modo que sirve como abono aprovechando el carbono, nitrógeno, fósforo y potasio, los elementos básicos para el crecimiento vegetal.

2.- Inorgánico: Puede ser arcilla expandida, que se elabora mediante la cocción de unos tipos concretos de arcilla, consiguiéndose una arcilla con gránulos esféricos, porosos y ligeros, con una superficie resistente y un interior poroso, de manera que el material resultante es ligero y permite el paso de flujos de calor. La finalidad es proteger al sustrato orgánico de heladas y contaminaciones, mantener estable la temperatura y evitar la formación de costras por lluvias.

Beneficios de las cubiertas vegetales

1.- Beneficios en el clima de la zona y la salubridad por retención partículas y sustancias contaminantes.

2.- Aumento de la eficiencia de la cubierta, debido al aislamiento proporcionado por el aire retenido en el follaje y los procesos de refrigeración debidos a la evaporación tanto de la humedad retenida en el sustrato como de la evaporación de las plantas.

3.- Mejora del aislamiento térmico en comparación con materiales de construcción convencionales debido a la baja conductividad térmica del sustrato orgánico, el sombreado proporcionado por la vegetación y el aire atrapado entre las plantas. Se puede llegar a reducir el consumo de aire acondicionado en hasta un 25% en verano y se evitan pérdidas de calor de hasta un 50% en invierno.

4.- Disminución del ruido en el interior del edificio. Así como las cubiertas tradicionales tienen un poder de reflexión que puede llegar a expandir las ondas sonoras, las plantas y el sustrato absorben la onda (un sustrato de 12 cm puede reducir hasta 40 dB).

5.- Aumento de la vida media de la cubierta por la reducción de cambios bruscos de temperatura y la protección de la radiación solar.

6.- Reducción de daños en las estructuras de canalización de agua del edificio y disminuye la generación de aguas residuales, reduciendo los costes de depuración y siendo ventajoso para las ciudades que no tengan ningún tipo de canalización.

7.- Se puede llegar a conseguir un enfriamiento de la ciudad mediante la evaporación de agua de grandes superficies, suponiendo esto un ahorro energético en climatización y mejora en confort térmico.

8.- Posibilita la vuelta de vida animal a las ciudades por la creación de microclimas en las áreas ajardinadas.

9.- Beneficios psicológicos y estéticos, al crear un espacio para el encuentro y la mejora del paisaje urbano.

En definitiva, una opción muy a tener en cuenta que ya está siendo implementada en muchas ciudades. Países como Francia se plantean convertir esta tendencia en algo obligatorio en todas las nuevas edificaciones.

Vía: i-Ambiente

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: